CAMINANDO ENTRE CULTURA

Museo Semana Santa

Pasos estáticos, espectadores en movimiento. La procesión inversa.

Este museo para la Semana Santa se plantea como la situación inversa que ocurre en una procesión tradicional, en la que las personas se agrupan a los lados de la calle y los pasos circulan entre ellos para ser vistos. 

De esta manera, el museo se concibe como varias cajas independientes y «paradas» entendidas como grandes pasos que se van a visitar y que se comunican a través de una calle por la que los visitantes circulan y los observan desde diferentes perspectivas.

Cada «caja» o sala se diseña para transmitir diferentes sensaciones en función de lo que en ella se expone y apoyado por las diferentes proporciones y dimensiones de las salas o el uso de la luz natural y la manera en que entra o no en ellas.

De esta manera se diseñan salas bajas y oscuras, salas con iluminación cenital, salas con volúmenes colgados que dispersan el paso de la luz, salas con varias plantas o con huecos numerosos y diversos en dimensiones, incluso salas pensadas para verse desde balcones en la cubierta del museo, recuperando otra de las tradiciones de la Semana Santa.

El proyecto se concibe así, como varias cajas de estructura de madera autónomas y una gran forjado reticular de madera que se eleva y cubre el espacio intersticial entendido como una calle interior, y que duplica esta misma calle sobre la propia cubierta para recorrerse así el museo en última instancia al exterior, con la posibilidad de observar algunas salas desde la parte superior y la opción de completar la visita museística con exposiciones temporales al aire libre.

En última instancia, señalar también la importancia de la vegetación, que se funde en espacios ajardinados ubicados entre las diferentes salas, de forma que puedan observarse desde esa calle central que recorre el museo; y que apoyan la idea de que el museo se ubica en un antiguo jardín o huerto del convento anexo a él.